Jorge Ordoñez

La situación del vino español en los EE. UU. en 1987, cuando empezó Jorge Ordoñez, era desoladora, dominada prácticamente por Sherrys baratos, y aburridos Riojas acumulando polvo en las estanterías inferiores de las tiendas de vinos. Habiendo crecido en Málaga en el seno de una familia dedicada a la distribución de vinos españoles, Ordoñez conocía todos los trucos de este negocio– desde cargar camiones, hasta evaluar las muestras de las barricas para cerrar contratos. No tardó en darse cuenta del potencial del vino español en América. Pero para que su visión se hiciera realidad, tendrían que ocurrir cambios a ambos lados del Atlántico.

En el lado americano, tenía que cambiar la percepción errónea, muy arraigada, sobre el vino español. Existía la creencia de que el vino español era pálido, plano, de baja calidad, ordinario y barato. Ordoñez sabía que esta idea era el resultado de una suma de factores ajenos al vino, como por ejemplo el almacenamiento y el transporte en malas condiciones y una pésimo marketing. El veneraba los vinos de su tierra natal y fue uno de los pocos en reconocer el gran potencial de sus antiguas viñas y de los viñedos de secano. Pero viendo las tendencias hacia la modernización en otros países, también reconocía que la elaboración del vino español en sí misma necesitaba una revitalización: algunos de los métodos tradicionales necesitaban actualizaciones; se imponía disminuir los rendimientos, y promover la limpieza. El modus operandi de Ordoñez consistía en preservar la herencia y el carácter de los vinos españoles y a la vez, encauzarlos en la línea del paladar del siglo 20. Esto tenía sus riesgos. En vez de abrazar las tendencias internacionales, Ordoñez se atrevió a dar un paso más, y poner a prueba el paladar de los americanos, siendo el primero en introducir vinos exóticos como Albarino, Txakoli y Godello en un mercado que conocía poco más que la sangría.

Ordoñez empezó a ser conocido como un cruzado del vino español, obsesionado con la cuidadosa manipulación del mismo. Asimismo, exigió grandes mejoras en los sistemas de transporte y de almacenamiento del vino hasta llegar al consumidor. Con  este fin, Fine Estates From Spain se convirtió en la primera empresa en tener almacenes refrigerados en España y transporte marítimo refrigerado y condiciones de temperatura óptima en bodegas, transporte y distribución. Tras una década de dura batalla, la percepción del vino empezó a cambiar lentamente. No fue hasta finales de los 90, cuando los vinos españoles fueron, finalmente, reconocidos como productos de alta calidad. Aún así, aunque los americanos empezaban a conocer nombres como Ribera del Duero y Rias Baixas, Ordoñez era ya pionero en otras áreas donde el potencial era enorme pero los métodos tradicionales de elaboración del vino eran muy rústicos. En regiones poco conocidas como Jumilla, Calatayud y Montsant, Ordoñez se asoció con los mejores enólogos para crear vinos donde antes no existían, vinos imbuidos del espíritu y terruño españoles y, al mismo tiempo, muy en línea con los gustos modernos. Finalmente, ésta ha llegado a ser la nueva percepción del vino de español en America: auténtico pero moderno. Su misión fue crear un mercado para los vinos españoles, donde antes no existía, y en ayudar a los viticultores españoles a creer en que sus vinos merecían un sitio al mismo nivel que los mejores vinos de Europa y América.

Jorge tiene una lista impresionante de logros: nombrado en dos ocasiones, por Robert Parker, Personalidad del Vino del año en EEUU; ha recibido el premio The Golden Grape Award, en 1997, por la publicación Food&Wine Magazine. En 2008, Jorge fue nombrado The Luminary of theYear en Nanucket Wine Festival,  la primera vez que este galardón fue concedido.  También reconocido en España, obtuvo en 1997 el premio Premio Nacional de Gastronomía Víctor de la Serna concedido por la  Academia Española de Gastronomia  y fue Personaje del Vino del año en 2008 por la prestigiosa revista Sibaritas, de la Guía Peñín.